Hemos pedido a nuestros Maestros Solidarios que nos cuenten lo que para ellos significa esta experiencia. Compartimos la carta que Belinda, maestra de MAYAS desde 2012, nos escribe.

¡Gracias Belinda, Gracias Maestr@s!

Qué significa para mí ser maestra solidaria

La solidaridad es propia de las personas conscientes de que el otro es un reflejo de la sociedad, por lo tanto, de uno mismo.

Cuando empecé a ser maestra solidaria, no sabía muy bien a lo que me exponía. Empecé allá por el año 2012. Daba clases a una adulta que no hablaba bien el español, pero que tenía mucho interés en aprender y en dar lo mejor de sí a la comunidad en la que se estaba integrando. La tarea la acometí con ganas. Reconozco que tuve algunas dificultades al principio, porque es igual de maestro aquel que enseña que el que es enseñado, y no sólo enseñé, sino que aprendí en el curso de la tarea.

Me entusiasmé con la idea de lograr un objetivo: que mi alumna adquiriese los conocimientos que yo le estaba transmitiendo. Pero se me olvidó prestar atención a algo fundamental y es que pese a ese objetivo a medio plazo que nos estábamos proponiendo, había algo más que subyacía en la monótona tarea de estudiar todas las semanas los mismos temas. Eso que subyacía era lo que edificábamos juntas cada vez que poníamos de nuestra parte para llevar a cabo la tarea. Era el trabajo duro, el esfuerzo constante, a veces en medio de situaciones difíciles para ambas. Mientras intentaba enseñarle el idioma, ambas aprendíamos lecciones de amistad, solidaridad y humanidad. Aquella fue una experiencia muy bonita y como todas las primeras experiencias, prometedora.

Hoy por hoy,  doy apoyo en un colegio público de la zona sur de la Comunidad de Madrid. Presto apoyo en segundo y tercero de primaria. Los niños que requieren mi ayuda en ejercicios de lecto-escritura y matemáticas necesitan ayuda académica urgente. Las profesoras no pueden detenerse en cada uno de esos niños porque tienen que seguir adelante con los programas estipulados por el ministerio y son muchos los niños que tienen dificultades. Esos alumnitos no funcionan como una tecla que al ser presionada dibuja un carácter perfecto. Esos niños probablemente florecerían en otros ambientes socio-económicos y con recursos educativos diferentes a los que tienen actualmente. 

Para mí, ser maestra solidaria es una recompensa. Porque cuando doy, recibo el fruto de haber dado y veo cómo un pequeño gesto puede mejorar mi entorno.

Belinda Oñate Varela